Caminando por la calle Belgrano encontramos el paseo de los artesanos de Córdoba Capital, un pequeño mercado de pulgas colonial y pintoresco, mezclado con los puestos de una feria artesanal. Allí escondido entre vidrieras repletas de antigedades, está Adentro, cocina de barrio. Parece una casa vieja detalladamente refaccionada, casi parte del mercado. Con la mirada uno encuentra en un estante, alguna caja de lata donde se guardaban las galletitas, o esos raros objetos en extinción que en aquel lugar parecen cumplir perfectamente su función.
La barra de madera envejecida, unos taburetes tapizados en corderito, y unas enormes lámparas de metal ennegrecido que pudieron tranquilamente haber provenido de una fábrica desmantelada, te llaman a sentarte y charlar con el mozo, pero hay que resistir la tentación y dejarlo para más tarde. Los tonos rojizos de las paredes y las mesas de madera se mezclan con los aromas de las sierras que predominan en el lugar de techos altos.
Detrás de la barra se puede ver la cocina, de azulejos blancos, impecable, en donde se turnan a trabajar las cocineras, una bastante joven, y una mayor, como una nona. Ellas tienen a un costado las macetas repletas de hierbas que recortan antes de servir cada plato, y es ahí mismo donde se originan los olores que inundan todo el lugar, y que anticipan los sabores de la casa. Algunas mesas en un patio, entre tejidos y sifones de vidrio azul, son ideales para disfrutar de una tertulia de infusiones a la tarde, cuando ya bajo el sol.
El mozo, muy cordial, o el mismo dueño a veces se acercan a la mesa para ver como va todo o para hacer alguna sugerencia del día. La carta se luce por el cuidado que hay en cada cosa que ofrece, un poco casero, un poco gourmet. Es de esas cartas que no tienen una amplia variedad, pero que trata de satisfacer algn extraño antojo. Escrito con tiza en la pizarra, se ofrecen los cantucci di sienna, unos biscotis de almendras que se humectan en una copa de vino licoroso, esos vinos como el mistela. Rememora al café con leche en el que se moja la medialuna, pero un poco más de sofisticación, y en la barra a la tardecita.
Para el almuerzo hay que tener en cuenta que no se puede dejar de probar el plato del día, como la lasagna, con el sabor del tuco casero de la abuela, pero eso si, presentado con el estilo que le pone la mano de la cocinera más joven. Algunos días hay cazuela de ternera, una carne muy tierna y sabrosa, cocida con sus propios y densos jugos, sobre un arroz a la crema, con una hojitas de romero recién cortadas. Nunca faltan en la mesa los panes caseros, que también pueden acompañarse con fiambres, y de postre, si la cocinera lo permite, una crema de chocolate.
A la hora del té hay variedades de hierbas de las sierras, de excelente calidad, que pueden tomarse solas o combinadas, y que vienen en saquitos de gasa con una cerámica roja en lugar de etiqueta, un detalle que acompaña la calidez del lugar. Si la curiosidad lo permite, se pueden probar las infusiones con algunas delicias como el leicaj de la casa o diversos budines de chocolate y naranjas que esperan en la barra para ir a la mesa del afortunado comensal.
Un buen momento para disfrutar de este lugar es el mediodía o la tarde de un día de semana, teniendo en cuenta que esta abierto de 9 a 9, y que los días jueves, viernes y sábado, se arrebata de gente.
Belgrano y Achaval Rodríguez, Barrio Güemes, Córdoba Capital (reservas llamando al 0351 4603198).