¿Que es lo que uno se imagina cuando piensa en Brasil?
Calor, playas blancas de aguas transparentes, pieles curtidas por el sol, vegetación exuberante.
El sol levanta la temperatura por arriba de los treinta grados centígrados, hay muchísima humedad, y es imposible negar la cercanía al ecuador, la selva, los olores espesos, mientras que hay algo mezclado entre todo esto, que poco se deja ver, pero que ahí está, esperando.
Algo me descoloca, estaba fuera de mis planes encontrarme con esta imagen que parece el retrato de una calle periférica de Tokio, pero no, esto es Manaus…
Ciudad llena de eclecticismos si las hay, con un valor agregado, el amazonas.
Hay lugares turísticos como el Teatro, Punta Negra, el Encuentro de las Aguas, y lugares imperdibles, como el Río Negro, el Sambódromo y el Mercado Municipal.
De la mano de Carlos, Patricia y Adriano conocí el Mercado, una muestra de la riqueza que tiene en cierta forma Manaus, apto para curiosos, lleno de pescados amazónicos como el tambaquí, gigantesco. En otro sector están las frutas y verduras, y a lo largo del paseo pude probar las más extrañas, como jambo, una fruta de piel roja por fuera, blanca y ácida por dentro, que se come con sal.
Como no podía ser de otra forma, terminamos almorzando un delicioso tambaquí a las brasas con bahiao (porotos con arroz), uarinhi (parece queso rallado, pero es una harina), faraofa (otra harina, pero más fina), y una guarnición de cebolla, tomate y cilantro.